Termina un 2024 intenso para Argentina tras un año de gobierno de Javier Milei. La política exterior no fue la excepción. Apenas asumió generó alerta por varios comportamientos. Desde el inicio, el mandatario dio a entender que en las relaciones internacionales se iban a guiar por los “valores” más allá de los “intereses” que tenga el país. A eso se sucedieron inmediatos viajes al extranjero en un intento de posicionarse como figura clave de la ultraderecha global que han generado polémica al ser un interés personal y no alineado con asuntos de Estado.
El acoplamiento irrestricto propuesto hacia Estados Unidos e Israel es otro de los cuestionamientos. Milei decidió que su afinidad personal por estos países marcarían la política exterior de Argentina, sin medir costos, beneficios y consecuencias. Sus primeros viajes como presidente fueron a estos lugares. El intinerario en la tierra de Netanyahu, por momentos, pareció ser una peregrinación personal en su conversión al judaísmo más que una visita de Estado.
Además, la nueva adminitración ha roto con la postura histórica de la diplomacia argentina. Esto es, reconocer el derecho del pueblo palestino a constituir un Estado independiente, como manera de preservar el vínculo con los países árabes y la comunidad local. Pero también, el reivindicar el derecho del Estado de Israel a vivir en paz junto a sus vecinos, dentro de fronteras seguras e internacionalmente reconocidas. Siempre preservando el vínculo con la población judía local, la comunidad más grande de América Latina.
La cuestión Malvinas es otro de los temas controvertidos. En febrero, el ex canciller británico David Cameron visitó las islas Malvinas no sin antes dejar en claro que “la soberanía no será objeto de discusión». Ninguna sorpresa. Lo que sí lo fue es que el gobierno libertario no sólo se demoró en condenar la asistencia del altísimo funcionario del Foreign Office a los territorios en disputa, sino que tampoco se cuestionaron sus dichos. Éste le aseguró a los habitantes que podrán seguir “el tiempo que quieran” bajo la administración británica, a lo que sumó “Y espero que sea por mucho, mucho tiempo, posiblemente para siempre”.
Durante más de 24 horas ni Cancillería, ni la entonces ministra Diana Mondino tuvieron algún tipo de reacción. Ante este retraso, el gobernador de Tierra del Fuego, Gustavo Melella fue quien se encargó de reprobar la visita y la catalogó como una “provocación”. También declaró al canciller británico “persona non grata” en toda la extensión del territorio provincial. A éste se sumaron los gobernadores de Buenos Aires, Santiago del Estero, La Rioja y La Pampa.
Un golpe de suerte para Javier Milei ha sido el triunfo de Donald Trump en la presidencia de los Estados Unidos. Con él en el poder a partir del 2025, la ultraderecha global contará con líderes fuertes. Es una incógnita la influencia que el norteamericano tendrá sobre el directorio del FMI para la renegociación de la deuda argentina. También lo es una reciente propuesta de Milei para firmar con Estados Unidos un Tratado de Libre Comercio. Todo está por verse.
En lo inmediato, se conoció que el gobierno norteamericano decidió nombrar a Mauricio Claver-Carone como Enviado Especial del Departamento de Estado para América Latina, un cargo clave para la relación con la región. Tras una candidatura impulsada por Trump durante su primer gobierno, Claver-Carone fue presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) entre el año 2020 y 2022. Pero fue despedido por un escándalo ético. Éste ha criticado con aspereza el rumbo económico de Javier Milei y a dos de sus principales funcionarios: el ministro de Economía, Luis Caputo, y el jefe de Gabinete, Guillermo Francos, con quien mantiene una enemistad de varios años.
Tal vez ésto pueda ser suavizado con la elección de Elon Musk -con quien Milei se reunió varias veces- para encabezar una nueva área del gobierno: el Departamento de Eficiencia Gubernamental. Su misión será la de impulsar “una reforma estructural a gran escala” similar a la que el gobierno argentino lleva a cabo. Aunque lo hará a través de un organismo que aún no fue reconocido como una agencia gubernamental oficial. Una duda que ya muchos plantean es cuánto durará esta relación. A Trump no le gusta nada el creciente perfil de Musk. Muy similar al suyo.
Es de especial atención el comportamiento que el gobierno libertario ha adquirido en las votaciones en los organismos multilaterales. El rechazo a la “Agenda 2030” de Naciones Unidas es ridículo. La propuesta fue aprobada en 2015 por Naciones Unidas y firmada por los jefes de Estado de 193 países. El presidente argentino considera que “aunque bienintencionada en sus metas, es un programa de gobierno supranacional de corte socialista”. Esta posición no sólo está ideológizada sino que es absurda, disparatada y grotezca.
Este tipo de accionar perjudica y aísla a la Argentina -que ha comnenzado a votar en contra de derechos de las mujeres y niñas, de los pueblos originarios- dejándo al país en una posición disruptiva y cada vez más precaria. Pero lo más grave y fundamental es que contradice los derechos fundamentales garantizados en la constitución nacional, las leyes nacionales y los Tratados Internacionales firmados e incorporados en la carta magna reformada en 1994.
La cuestión climatica también es preocupante, y más luego de la orden de retiro de la delegación argentina de la cumbre del clima COP29 en Bakú, Azerbaiyán, a mediados de noviembre. Allí se buscaba debatir el financiamiento del Acuerdo de París para combatir el calentamiento global. Milei expresó que “todas esas políticas que culpan al ser humano del cambio climático son falsas y buscan recaudar fondos para financiar vagos socialistas”. Es probable que Trump acompañe esta posición, ya que se ha retirado de éste acuerdo durante su primer mandato, y podría incentivar a que el argentino haga lo mismo.
Otro error estrategico, que no tenía costo político alguno, fue la negación de ingresar al BRICS+. El gobierno de Javier Milei ha desperdiciado una oportunidad histórica para generar o afianzar vínculos políticos y acercarse a nuevos mercados. Este enero, se unieron al grupo Egipto, Irán, Emiratos Árabes Unidos y Etiopía. También debían incorporarse Arabia Saudita -que no confirmó su decisión- y Argentina que se retiró. Lo hizo sin siquiera un debate interno y por cuestiones ideológicas.
Un hecho sin precedentes en Argentina -al menos desde el retorno de la democracia- es el destrato, ninguneo e intimación del Poder Ejecutivo hacia el servicio diplomático de la nación. Un desprecio que se profundizó luego de la expulsión de la canciller Diana Mondino debido al voto argentino en la ONU en contra del embargo de Estados Unidos a Cuba. Este hecho fue además, la excusa para dar luz verde a una auditoría del personal de Cancillería, con la premisa de “identificar impulsores de agendas enemigas de la libertad”.
En el entorno de Milei están convencidos que los diplomáticos “juegan en contra de las ideas del Presidente”. Por eso en un comunicado oficial, el gobierno expresa que buscará detectar funcionarios que piensen distinto a “los valores de libertad, soberanía y derechos individuales que caracterizan a las democracias occidentales”. Esta cacería de brujas quedará a cargo del flamante canciller Gerardo Werthein. Se estima que se puede llegar a despedir a la mitad de los integrantes del cuerpo diplomático. Hay rumores también de que se intentará reducir el número de embajadas.
Por último, una cuestión no menos importante es la relación con los países vecinos. Con el principal socio comercial del país, Brasil, el vínculo es realmente malo. Lula ha expresado que Milei “tiene que disculparse con Brasil y conmigo, ha dicho muchas tonterías, solo quiero que se disculpe”. Si bien ha habido cierto pragmatismo de ambas partes como por ejemplo la firma de un contrato para exportar gas natural al mercado brasileño. O también, que Brasil haya asumido la representación de la embajada de Argentina en Venezuela tras la expulsión del personal diplomático.
Aunque también la relación con Chile comenzó a complejizarse. Los dichos del Ministro de Economía Luis Caputo sobre que al país trasandino “los gobierna un comunista que los está por hundir”, no gustaron para nada. El presidente Gabriel Boric salió a responder. En relación a Uruguay, el reciente mandatario electo Yadmandú Orsi, se cansó de enviar señales amistosas como “La relación con Argentina tiene que ser muy buena, no tenemos otra chance”. Éste buscó reunirse con Javier Milei en la última cumbre del Mercosur pero no hubo reciprocidad.
Sin dudas, la política exterior de la administración libertaria representa una ruptura drástica con la tradición diplomática argentina. La cuál, desde la vuelta a la democracia -y más allá de los diferentes gobiernos- se supo caracterizar por el multilateralismo, el respeto por los derechos humanos y una relevancia en las relaciones con los países de la región. El gobierno de Javier Milei podría convertirse en un caso paradigmático de cómo el personalismo y la ideologización extrema son capaces de deshacer décadas de avances fundamentales.
