Según un informe muy reciente de Argentinos por la Educación, la Inteligencia Artificial ya está presente entre nosotros, y hablo del ámbito educativo. Por un lado el 76% de los chicos, chicas y adolescentes de Argentina (9 a 17 años) conoce la IA generativa (ChatGPT) y el 58% ya la utilizó. Si bien estas proporciones cambian con la edad y aumentan en los más grandes, hoy dos de cada tres niños, niñas y adolescentes utiliza la IA para tareas escolares.
Varios especialistas están estudiando este tema en profundidad y plantean ventajas y desventajas sobre las que debemos reflexionar profundamente si pretendemos no utilizar mal estas nuevas y maravillosas herramientas que crecen y se desarrollar con una velocidad increíble y se aplican de manera exponencial.
Muchos plantean que la IA podría habilitar tutorías personalizadas, evaluaciones automáticas y sistemas de alerta temprana cuando se detectan posibilidades de abandono escolar, sobre todo en el nivel secundario donde el tema es acuciante. El abandono está aumentando luego de décadas de esfuerzos sostenidos revirtiendo esta tendencia. Hay estudios de la Universidad Nacional de Rosario que lo confirman.
Ahora, la pregunta del millón sigue siendo ¿Puede la IA reemplazar al docente en refuerzo escolar, tutorías y evaluaciones? ¿Puede hacerlo, debe hacerlo, es conveniente hacerlo, sería lo mejor y más adecuado para los estudiantes? Diferentes preguntas que habilitan un análisis más amplio y complejo.
En estos momentos Argentina está atravesando un cambio demográfico profundo y acelerado que se hace visible con la caída de la matrícula escolar, por ahora en los primeros años del nivel primario. La tasa de natalidad se redujo un 40% a partir de 2014. Los nacimientos pasaron de 1,8 hijos por pareja (en promedio, por supuesto) a 1,1 hijos por pareja diez años después. Así, el sistema educativo enfrenta un gran desafío y una gran oportunidad. Más espacio en las escuelas que antes se encontraban repletas de estudiantes, menos chicos y chicas por aula mejorando la relación docente – alumno y en algunos casos hasta ¡docentes sin alumnos! Podrán darse reubicaciones, traslados y otros mecanismos, pero todos tienen un límite. Y ahí llega la decisión política clave: ajuste en los cargos docentes o trabajo más personalizado con estudiantes. Este trabajo más personalizado apuntando a mejorar la calidad educativa ¿se hará con docentes o con IA? La pregunta es si se podrán complementar ambas cosas y si se hará de manera correcta y apropiada para un mejor sistema educativo.
El mismo informe de Argentinos por la Educación alerta sobre el uso de la IA en educación. Se corre el riesgo cierto de un aprendizaje más superficial, pérdida del pensamiento crítico, sesgos algorítmicos en el seguimiento de los estudiantes y debilitamiento de la autonomía intelectual. Entonces, si tenemos docentes disponibles y formados deberíamos YA estar pensando cómo regulamos el uso de la IA en la escuela. En simultáneo la capacitación docente debería incluir el trabajo en tutorías personalizadas, parejas pedagógicas, uso adecuado y crítico de la IA y muchas otras herramientas y prácticas para el nuevo contexto en el que nos encontramos.
La IA ya está siendo masivamente usada, ahora a preguntarnos cuál será la supervisión de su uso. Este sí que es un tema que el mercado no puede resolver por sí solo, al menos no deberíamos permitirlo si queremos un futuro de ciudadanos con pensamiento propio.
