El periodismo se rompió. Paradójicamente perdió rigurosidad profesional cuando la tecnología le dio una caja de herramientas ideal. Impensado hace apenas dos décadas atrás. Pero la utilización indebida de estos recursos generaron un contexto en el que hay más conectividad, pero menos comunicación.
Las herramientas de contacto modificaron usos y costumbres. El vértigo por estar conectado también cambió la forma de relacionarse. Y la primera víctima fue el diálogo. Se conversa mucho menos. Ahora se “mensajea”. Ante la premura tampoco es habitual una llamada. Predominan los mensajes escritos o audios. Más aún en determinados segmentos etarios. Donde el mal uso de las redes sociales también hicieron su aporte a la devaluación comunicacional. Y periodística.
La precipitación por opinar le quitó precisión a la información. Hay una marcada tendencia a contar y creer rápidamente lo que dicen, relativizando los hechos. Y así se “viralizan» pareceres como verdades, aunque la realidad indique otra cosa.
La verificación de los datos informativos era una práctica periodística fundamental, y cuántas más “fuentes” consultadas mayor calidad le daban a la noticia.
Hoy esta modalidad agoniza porque el vértigo por decir primero es más trascendente que informar bien. Más aún si “lo publicaron en redes”. Aunque esto implique replicar falsas noticias.
La versión suplió a la descripción fidedigna. La utilización del verbo en tiempo potencial se convirtió en regla y el “dicen que” sustituyó a la afirmación.
Si hasta los especialistas en temáticas son subestimados por el neo periodismo, porque los entrevistadores los usan para opinar ellos, interrumpiendo hasta el hartazgo al invitado idóneo.
Está claro: se habla mucho sin saber porque no interesa escuchar para conocer.
El periodismo se rompió en un universo conectado pero con poca comunicación. No importan los hechos. Solo importa lo que se quiera contar de ellos desde una mirada sesgada para fortalecer una posición ideológica. Para ganar en la confrontación, aunque se trate de una falsificación de lo sucedido.
La post verdad mata a la verdad.
Y en esta precarización los empresarios de los medios de comunicación son decisivos, porque no les importa la calidad periodística, solo los intereses de sus negocios, y esto se evidencia en la vulgaridad de sus productos.
Porque la realidad indica que la pérdida de calidad periodística está relacionada con el deterioro educativo. La falta de lectura deterioró la ortografía, la escritura, la comprensión de textos y por lógica la capacidad de análisis.
Por eso está roto el periodismo. Entre otras tantas cosas más.
