EL CUIDADO DE LA SALUD A LO LARGO DE LA VIDA

Hablar de salud no es hablar solamente de hospitales, médicos o medicamentos. Hablar de salud es hablar de cómo vivimos, de cómo nacemos, de cómo crecemos y de cómo nos cuidamos como sociedad. Y también de las decisiones colectivas que tomamos para proteger la vida, especialmente la de quienes más lo necesitan. 

Durante muchos años, la salud fue pensada casi exclusivamente como la respuesta a la enfermedad. Esperábamos que algo anduviera mal para recién entonces intervenir. Sin embargo, la evidencia científica y la experiencia cotidiana nos muestran otra cosa: la verdadera fortaleza de un sistema de salud está en la prevención, en el cuidado temprano y en la construcción de entornos saludables. 

Cómo médica neonatóloga aprendí, desde el primer día, que la vida es frágil y poderosa a la vez. Que una atención oportuna, un diagnóstico correcto, o una decisión a tiempo pueden cambiar una historia para siempre. 

Como funcionaria pública confirmé que esas decisiones no son solo individuales, son profundamente políticas. 

Hoy sabemos que los primeros mil días de vida, (desde la gestación hasta los dos años), son determinantes para la salud futura de una persona. En ese período se sientan las bases del desarrollo físico, neurológico y emocional. Lo que ocurra allí impactará en el riesgo de enfermedades crónicas, en el aprendizaje, en la salud mental y en la capacidad de vincularse con otros. 

Por eso, cuando hablamos de invertir en salud, no hablamos de gasto: hablamos de inversión inteligente, humana y socialmente justa. 

• Cuidar a quien cuida 

No hay infancia saludable sin adultos acompañados. No hay recién nacidos sanos sin madres, padres y familias con acceso a controles de salud, información clara, alimentación adecuada y condiciones de vida dignas. La salud materna es inseparable de la salud infantil, y ambas dependen, en gran medida, del contexto social. 

En nuestro país y en nuestra provincia de Santa Fe contamos con equipos de salud comprometidos, con conocimiento y vocación. Pero también sabemos que la inequidad sigue siendo uno de los principales determinantes de la enfermedad. El lugar donde se nace, el nivel de ingresos, el acceso al agua potable, a la educación y a una vivienda adecuada siguen marcando diferencias evitables. 

Reducir esas brechas no es solo una cuestión ética: es una estrategia sanitaria imprescindible. Cada inversión en prevención, en controles prenatales, en vacunación, en nutrición y en acompañamiento temprano evita costos mucho mayores en el futuro, tanto humanos como económicos. 

• La prevención como política de Estado 

Vacunar, hacer controles, concientizar en alimentación saludable, ejercicio, cuidar la salud mental: todo eso forma parte de la prevención. Pero para que la prevención sea posible, el Estado tiene que estar presente, garantizando acceso, información confiable y servicios de calidad. La pandemia nos dejó una lección muy clara: la salud pública importa. Importa cuando funciona y también cuando falta. Importa cuando hay coordinación, ciencia y responsabilidad, y duele cuando se la debilita o se la desacredita. 

• Envejecer con dignidad

Hablar de salud a lo largo de la vida también implica hablar del envejecimiento. Vivimos más años, y eso es una buena noticia. Pero vivir más tiene que ir acompañado de vivir mejor. 

Necesitamos políticas que promuevan el envejecimiento activo, la prevención de enfermedades crónicas, el acceso a medicamentos, la atención integral y el acompañamiento social. Nadie debería sentirse una carga por cumplir años. Al contrario: las personas mayores son portadoras de experiencia, memoria y saberes que enriquecen a toda la comunidad. 

• La salud como construcción colectiva 

La salud no se decreta, se construye. 

Se construye en la casa, en la escuela, en el barrio, en el lugar de trabajo. Se construye con información, con participación y con políticas públicas sostenidas en el tiempo. 

Como sociedad, tenemos que animarnos a discutir qué modelo de salud queremos. Uno que llegue tarde y sea costoso, o uno que cuide desde el inicio. Uno que profundice desigualdades, o uno que tienda puentes. Uno que reaccione, o uno que prevenga. 

Estoy convencida de que una sociedad que cuida a sus niños, acompaña a sus familias y respeta a sus mayores es una sociedad más justa, más saludable y más fuerte. Ese es el camino que tenemos que seguir construyendo, entre todos. 

Porque la salud no empieza en el hospital. Empieza mucho antes. Y nos incluye a todos.

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