La canción, incluida en el álbum “Treinta Minutos de Vida” (1970), está inspirada en un amigo de su juventud.
Moris basó la canción en un amigo de la juventud, un tipo parecido a Marlon Brando, atractivo y de buen físico, con quien compartía los llamados «días de oro». Al encontrárselo tiempo después bajando una media res de un camión en una carnicería, comprende que la vida real y la necesidad de trabajar alcanzan a todos.
La canción narra la historia de un muchacho con un discurso de ayudador, socialista y solidario, pero que en realidad escondía sus más mezquinas intenciones de aprovecharse de todos sin vergüenza.
Al crecer y dejar atrás la juventud dorada de los bares y las plazas, aquel joven con aires de artista o intelectual termina insertándose en el sistema y trabajando de oficio en una carnicería (cortando medias reses), simbolizando el fin de la rebajilla o la hipocresía de un discurso vacío que se evapora ante la adultez y la necesidad económica.
La canción es una crítica social y generacional sobre la pérdida de la inocencia, la hipocresía y el choque con la realidad del mundo adulto. Más que una burla hacia Pato por ser carnicero, la canción funciona como un retrato agridulce de cómo los ideales juveniles se van transformando o disolviendo cuando las personas tienen que insertarse en el mercado laboral y la adultez. Es una crítica social y generacional sobre la pérdida de la inocencia, la hipocresía y el choque con la realidad del mundo adulto.
El propio Moris explicó en la contratapa del disco original el sentido de la letra, refiriéndose a un arquetipo de su juventud: «Falsos hippies, burgueses frustrados y toda mi rabia contra algunos de ellos y entre medio Pato, Pato de Palermo que allá estará bajando medias reses».

